Reivindicar lo humano


Todos hemos atravesado momentos de dolor en nuestras vidas y organizaciones. Hay aspectos que podemos controlar, es decir, que están bajo nuestra responsabilidad como por ejemplo, las palabras que decimos, lo que hacemos, las decisiones que tomamos... aunque también es importante reconocer aquello que está fuera de nuestro alcance: lo que otros piensan, lo que otros hacen, los hechos fácticos de la vida. Dentro de lo que sí podemos tomar responsabilidad, hoy quiero conversar sobre nuestra condición humana, específicamente, nuestro emocionar. Si bien no podemos controlar las emociones, sí podemos aceptarlas, dejar que fluyan, y luego tomar acción.


Desde mi perspectiva, considero que necesitamos revalorizar nuestra condición humana, hoy más que nunca, recordando que antes que cualquier título, profesión, puesto, rol, condición biológica, etc... somos seres humanos. Seres linguísticos, emocionales, intelectuales, con un cuerpo físico y espirituales. Cuando sentimos que las cosas se ponen más complejas para nosotros o nuestros equipos de trabajo, considero que abrazar y dar lugar a las emociones que aparezcan, más allá de que nos resulten agradables o no, es importante para poder comprender el mensaje que nos regalan. Las emociones han estado relegadas durante muchos años. Culturalmente, no hemos dado espacio a que aparezcan y ello nos ha traído severas consecuencias.




Algunas de las maneras que utilizo en mi vida personal o bien que recomiendo a mis alumnos y clientes de coaching son por ejemplo, escribir en un cuaderno sobre lo que sentimos sin reprimir nada de lo que surja, también podemos conversar con personas que nos generan confianza, realizar ejercicio físico para provocar la descarga de tensión que producen las emociones, respirar profundo y conscientemente mínimo 3 veces. En los equipos de trabajo, recomiendo arrancar el día con una breve reunión de Check -In, para que cada integrante pueda sentirse libre y seguro de expresar cómo se siente y de esa forma, poder encarar el día desde otro lugar.


Creo importante también, darle lugar a la respuesta neurofisiológica que todos tenemos a disposición cuando nos sentimos tristes, como es el llanto. Me quedó grabada la frase que una vez compartió una profesora acerca de las lágrimas: “son agua bendita“. Esto me ayudó a entenderlas como una bendición que nos muestra que estamos vivos, que sentimos...


En los entornos de trabajo aún siguen siendo en la mayoría de los casos un aspecto tabú las emociones. Sin embargo, ¿ Cuánto estrés, ansiedad, burnout, etc podríamos prevenir si propiciaramos espacios donde la gente puediera expresar lo que siente sin sentirse juzgada o amenazada por su condición netamente humana? ¿ Cuántas renuncias inesperadas se podrían evitar?


Avancemos un poco más. Otra de las formas interesantes que practico y enseño, es expresar GRATITUD. La gratitud puede definirse como la apreciación de lo que es valioso y significativo para uno mismo. Aunque pareciera paradógico, expresar gratitud en momentos que nos resultan difíciles, es una práctica sumamente reconfortante y habilitante para cambiar nuestra perspectiva y avanzar en la vida con mayor confianza. Múltiples investigaciones confirman que nuestros músculos apreciativos nos hacen más felices y saludables.


En este sentido, podemos sumar como hábito diario, ( además de cepillarnos los dientes, usar el barbijo y lavarnos las manos, colocarnos los EPP en los lugares de trabajo, etc.), dedicar dos minutos al día, al despertarnos o antes de acostarnos, a escribir las cosas por las que estamos agradecidos. En el entorno de trabajo, podemos hacerlo al finalizar nuestra jornada laboral, hacer una ronda de mensajes de agradecimientos por lo que hemos aprendido en el día, o agradecerles a otros compañeros, colegas, proveedores y clientes. Siempre podemos encontrar algo por lo que estar agradecidos, incluso en medio de las dificultades. Tanto si al principio lo percibes como importante o bien si los ves como algo "menor", los beneficios de la práctica de gratitud, pueden ser sustanciales. Porque cuando agradecemos, lo apreciamos, ponemos nuestra atención allí e inmediatamente comenzamos a darle VALOR.


Al darle valor a lo que parecía no tenerlo, comenzamos a sentirnos conectados, con más propósito, mayor energía vital y motivación.


Nuestra esencia como humanos, radica en nuestro poder para conversar y darle sentido a los que nos pasa, a lo que sentimos y anhelamos. Por ello, se vuelve crucial, dejar las "máscaras" construidas para protegernos, y reinvindicar nuestro emocionar en nuestra vida cotidiana y laboral.



Abrazo!



Eli Polifrone

Máster en Coaching y Cambio organizacional

Coach para la Transformación Personal y Organizacional

elianapolfirone@gmail.com


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